
Cuando el padre ruega “
hijita, no seas dark”, expresa en palabras el desasosiego que causa ver por las calles a los exponentes de las famosas “tribus urbanas” de esta prolongada transición de siglos. Los jóvenes parecen buscar en estos llamativos
grupos de pertenencia los valores que la sociedad perdió en sus devaneos posmodernos.
Vestimentas estrafalarias, raros peinados nuevos, calzados aparatosos, miradas de ojos delineados, pueden sorprendernos en cualquier esquina, llamándonos la atención o desconcertándonos. Individuos, parejitas, grupúsculos o multitudes de estos personajes pueden congregarse por doquier. Pero no todos son iguales, aunque la mirada poco atenta pueda confundirlos.
Una tribu muy numerosa es la de los
rollingas. ¿Qué es un rollinga? El nombre induce a pensar en escuchas de los Rollings Stones, como así también algunas características de su look: pantalones caídos de tiro bajo para ambos sexos –que dejan ver la ropa interior–, remeras oscuras con la tradicional lengua burlona, flequillos rectos o apenas combados, a escasa distancia de las cejas, que en algún momento usó Mike Jagger. También pueden alejarse un poco de los íconos de la banda madre, para evocar a otros grupos locales de rock, como las Viejas Locas, los caídos en desgracia Callejeros, y sus aparentes herederos: los Jóvenes Pordioseros.
Pero la cosa no queda sólo en la vestimenta; la sola sugerencia puede llegar a herir su susceptibilidad. Su look expresa también su pertenencia social, clase media o media baja, su urbanidad (o conurbanidad), y su enfrentamiento tradicional con los “chetos” o “conchetos” (todavía no sabemos bien la diferencia entre éstos últimos, sorry).
Otra característica es su particular manera de expresarse. Sus formas de hablar no conocen la diplomacia ni la discreción. Son pibes picantes y se la bancan, y qué? Cada dos palabras intercalan: “boludo”, cuyo significado puede ser ofensivo, amigable, interpelativo, vocativo, entre muchos otros.
Además pueden reconocerse por sus hábitos alimenticios, específicamente por las bebidas que consumen. Según los especímenes, oscilan entre la “birra” y el “tetra”, apelativos cariñosos para la cerveza y el vino tinto de mesa envasado en tetrabrick. En cuanto a la afinidad por las drogas, se usa la marihuana en los recitales, mientras que la pasta base y los pegamentos industriales se reservan para las reuniones amistosas.