domingo, marzo 05, 2006
Correr es convertirse en narrador de un libro de autoayuda que afirma cada tres carillas vos podés, no pares, etc., o estar en la cama alentando a un eyaculador precoz (otra vez: vos podés, no pares, etc.). Después de unos minutos el techo de los pulmones desaparece, y el aire que inhalo me llena hasta los bronquios. Al contrario de lo que pueda parecer debido a la fuerza de gravedad, la presión de mis pies contra la cinta sube hasta mi cabeza, se me hincha la garganta mientras los brazos flotan. Y cuando termino la media hora propuesta como objetivo no me parece suficiente, y empiezo otra vez. Esta vez, para mi regocijo que encubre mis ganas de vomitar, escucho la voz de un coro de porristas que supongo viene como banda de sonido del libro.
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