martes, agosto 25, 2009

Anotando el sábado

1. ¿Puede un estado de aburrimiento persistente evitar una borrachera que debería tener lugar de acuerdo a la cantidad de alcohol ingerido? Me preguntaba, después del cuarto trago y con Francisco enviándome mensajes de texto a dos metros de distancia.
2. Ok, el cuarto trago hizo efecto, me cuesta redactar nota en celular. ¿Y ahora qué?
3. Nota mental: salir con remera pasable y con axilas depiladas.
4. Bueno, los dos borrachos y la música una cagada, y yo tomando notas que probablemente no sirvan si tengo que pensar mientras escribo cómo se escribe "probablemente".
5. Francisco dice que conseguimos si nos separamos y se fue a parar en la columna. Estoy mareada, aún sentada.
6. Me sentí vieja lavándome las manos en el baño.
Empiezo a darme cuenta de que estoy en el mismo lugar en el que estaba.
7. Una reina solicitó mi presencia en la tarima para atestiguar la agresión de que había sido víctima mientras bailaba; agresión que resultó en una buena parte de su cuerpo sobre mi pie. Por suerte mi nivel de alcohol en sangre impide la sensación de dolor en las extremidades. Mañana va a doler.
8. Última nota: ready to go home.
9. Es increíble cómo capas de sueño se acumulan en su cabeza cuando apoya su codo en la baranda y su mentón en la mano. Hasta que siente que corre el peligro de desnucarse y se incorpora.

miércoles, octubre 22, 2008

Manifiesto dark avant la lettre

Para poder subsistir en medio de una realidad extremadamente tenebrosa, las obras de arte que no quieren venderse a sí mismas como fáciles consuelos tienen que igualarse a esa realidad. Arte radical es hoy lo mismo que arte tenebroso, arte cuyo color fundamental es el negro.
T.Adorno - Asthetische theorie

jueves, agosto 09, 2007

Me recuerda mi edad


Notar la firmeza de la cara de una nena de 16 años cuando la saludo.
Considerar a una chica de 16 una nena.
Reconocer en una radio el tema de “Historia del Crimen”, y que una compañera del trabajo de 25 diga que lo que están pasando en esa radio es para gente de 40.
Preocuparme por las arrugas todo el tiempo.
Pensar en los tratamientos para la piel que me voy a hacer cuando cobre.
Tener canas no sólo en la cabeza.
Haber decidido congelar mis óvulos a los 35, si no tengo hijos ni planes de tenerlos para esa edad.
Preocuparme por temas de fertilidad.
Mi primera tintura para canas.

Que los estrenos no vengan en video.
Darme cuenta de que camino en la cinta como la abuela Irma camina por el mundo.
Caminar en la cinta como la abuela Irma.
Que de vez en cuando me digan “señora”.
Que las cejas invadan cada vez más mi frente.
Que cuando un chico lindo mira en mi dirección, sea porque detrás de mí hay una chica linda.
Que una nena de 13 años tenga más tetas que yo.
Mancharme los dedos con comida mientras me sirvo, como la abuela Irma.
Babear.
Que un señor de alrededor 60 me pregunte con la mirada “Querida, ¿estás bien?” mientras estoy en el aparato de glúteos en el gimnasio.
La expresión “Ahí falta trabajo”, pronunciada por mi profesora de gimnasia deportiva, mientras estoy en el piso, abierta de piernas a 176 grados, en vez de a 180.
Quedar con pintura debajo de mis uñas cuando sin querer rasguño una puerta o pared.
Constatar el “efecto salero” cuando escribo en una clase en la facultad.
Seguir yendo a la facultad.

viernes, julio 13, 2007


El padre no había logrado desalentar a la hijita; era irremediablemente dark. Pero los chicos crecen, y para horror de nuestro progenitor, los hábitos sexuales de las tribus urbanas comenzaron a ser objeto de una eficaz campaña publicitaria, cuyos llamativos posters iluminan las paradas de colectivo porteñas. Tachas y placer extremo. ¿Qué necesidad hay de que el padre cobre conciencia de estos íntimos detalles?

domingo, marzo 05, 2006

Correr es convertirse en narrador de un libro de autoayuda que afirma cada tres carillas vos podés, no pares, etc., o estar en la cama alentando a un eyaculador precoz (otra vez: vos podés, no pares, etc.). Después de unos minutos el techo de los pulmones desaparece, y el aire que inhalo me llena hasta los bronquios. Al contrario de lo que pueda parecer debido a la fuerza de gravedad, la presión de mis pies contra la cinta sube hasta mi cabeza, se me hincha la garganta mientras los brazos flotan. Y cuando termino la media hora propuesta como objetivo no me parece suficiente, y empiezo otra vez. Esta vez, para mi regocijo que encubre mis ganas de vomitar, escucho la voz de un coro de porristas que supongo viene como banda de sonido del libro.

jueves, febrero 23, 2006


¿Cómo expresar en forma literaria la sensación de vacío experimentada minutos después de la extracción de un tampón super con ocho horas de uso, y minutos después, la percepción del estómago retorciéndose por comida, o quizás la reinterpretación de la primera sensación como “hambre”? ¿Cómo no escribirlo literalmente, o cómo pasar de una dimensión metafórica a una literal sin crear un contraste grotesco? ¿Cómo hacerlo de manera distinta a la interrogación? (que constituye el segundo intento).
Primer intento. Escritura del recuerdo de la pura sensación. Al parecer, irrecuperable.