Paraguas adquirido en el barrio chino, con algo de oriental en las flores o combinación de colores, primaveral. Se me pasaron unas lluvias desde junio, pero hoy decidí sacarlo. Tiene algo diferente, la tensión de la tela y los alambres, o la misma tela, que hace que el ruido de la lluvia cuando golpea se parezca al sonido de la ducha en la cabeza con las manos ahuecadas sobre los oídos. Sonido que se siente como un viaje de noche en la ruta con lluvia torrencial. Me costó sostenerlo con la mano derecha. Es el tamaño, más amplio que los que tuve hasta ahora, o el largo del mango, excesivo. O mi lado derecho, débil con respecto al izquierdo.
jueves, septiembre 17, 2009
jueves, septiembre 10, 2009
paranoia
¿Es mi grado de paranoia, que aumenta periódicamente, o el portero se hartó de alguien del edificio, de su mujer, de alguno de sus niños? No sé, tocar el timbre, cerrar con las trabas, anotar fecha y hora, ver si veo a la chica con los nenes... Sacar la basura no es nada excepcional para un encargado. Pero en el momento de cerrar la puerta del ascensor, ya adentro, agaché los ojos y vi gotas de sangre en el piso del hall, que no pueden haber salido de otro lado que de las dos bolsas que cargaba, con esfuerzo, Héctor. O de alguna herida bastante abierta, reciente, necesariamente en las manos, ya que el resto estaba cubierto por ropa (¿un impermeable porque no llueve?) y la cara la tenía medio roja del calor, entera. O algún vecino asqueroso que tiró sangre con o sin carne, y dejó la bolsa chorreando. Y que por eso capaz sea el próximo blanco del encargado.
volviendo
Recién hoy comprendo a los caballos, cuando galopan apurados de regreso. Y ahora que los entiendo no sé si van efectivamente más rápido o el camino se hace más corto, a caballo y para el caballo, cuando el recorrido es reconocido como el habitual. Llegar a una casa a la que nunca fui, caminando con el papelito en la mano, mirando las alturas y los números pares e impares, para ver si conviene o no cruzar se me hace eterno. La vuelta tiene calles cortas, edificios sin números, y cuando me acerco al radio de siete ocho cuadras de mi dpto desaparece la necesidad de mirar del todo.